domingo, 13 de enero de 2013

"Alimentarse de organismos modificados genéticamente no comporta un riesgo mayor que hacerlo a partir de cultivos convencionales"


La frase anterior fue formulada por Anne Glover en el contexto de una entrevista exclusiva de EurActiv en julio de 2012, y está de acuerdo con uno de los estudios más amplios relativos a riesgos para la salud ("A decade of EU funded GMO Research", 2001-2010). Anne Glover, bióloga escocesa, fue nombrada en Diciembre de 2011 Asesor Científico Jefe de la Comisión Europea por su Presidente, José Manuel Durão Barroso.  Puede que quizás con ella nos encontremos en el punto de inflexión de la política de la Unión Europea (UE) respecto a los organismos modificados genéticamente (OMGs), un buen ejemplo de cómo la mala política ha triunfado sobre la evidencia científica y no al contrario, tal como Anne Glover sugiere que deberá ocurrir en el futuro. Lo más paradójico para ella, que incluso califica de demencial, es la falta de capitalización del conocimiento y experiencia que se ha adquirido en la UE sobre cultivos transgénicos (Noticia). A su juicio, Europa parece encontrarse en una carrera permanente por la segunda plaza ya que, mientras se invierte en la investigación de más alto nivel, esperamos a que terceros países pongan en práctica el conocimiento generado. Su esperanza es que los  Estados de la Unión revisen sus políticas a la luz de la evidencia científica.

La UE tiene seguramente la legislación relativa a OMG más restrictiva del mundo. El organismo europeo responsable de la seguridad alimentaria (European Food Safety Authority (EFSA) analiza caso por caso y con estándares científicos cada uno de los OMGs, iniciando así un largo proceso hasta que cada OMG es autorizado o rechazado por la Comisión. Este sistema asegura que sólo recibirán autorización los OMGs que sean seguros tanto para la salud humana y animal como para el medio ambiente. El alcance de la autorización varía en cada caso, de modo que cada OMG puede ser autorizado para el cultivo y/o su uso en la alimentación animal-humana y/o para el procesamiento industrial.  En general estos OMGs corresponden a variedades de cultivo mejoradas en cuanto a su resistencia a insectos y a herbicidas.

¿Qué OMGs se pueden cultivar dentro de la UE? 

En la actualidad sólo dos OMGs tienen autorizado su cultivo en la UE con propósitos comerciales: El maíz MON810 (Monsanto) que expresa la toxina de Bacillus thuringiensis, por ello conocido como maíz Bt, que confiere resistencia al taladro (Ostrinia nubialis, lepidóptero) y fue aprobado en 1998. En Europa, el cultivo del maíz Bt se concentra fundamentalmente en España en un área de unas 97.000 hectáreas (ha) en 2011 que representan el 26,5% de la producción total de maíz en España. El segundo OMG fue finalmente aprobado por la Comisión Europea en marzo de 2010, tras más de una década en el sistema: la patata Amflora (BASF). Esta aprobación llevada a cabo por el comisario europeo John Dalli, parecía iniciar el cambio de la que había sido la política de la Unión respecto a los transgénicos hasta entonces. La variedad de patata Amflora, productora de almidón rico en amilopectina y carente de amilosa, está destinada al uso industrial, fundamentalmente a la producción de papel. No obstante, la aprobación también permite el uso en alimentación y piensos ya que la idea era emplear alguno de los subproductos de la transformación industrial en la alimentación animal. El cultivo de esta patata empezó a pequeña escala en la República Checa (150 ha), Suecia (80 ha) y Alemania (15 ha). En Alemania, el plan era producir patatas de siembra aunque la fuerte oposición a la tecnología de los transgénicos arruinó el plan y en 2011 sólo se cultivaron 2 ha (Fuente GMO Safety). En Enero de 2011, BASF anuló la comercialización de cultivos transgénicos en Europa (lo que incluye tanto a la patata Amflora como a la patata Fortuna, aún más interesante porque es resistente al hongo Phytophthora infestans, que provocó la famosa hambruna en Irlanda a mediados del siglo XIX, y que sigue pendiente de aprobación) y trasladó las oficinas centrales de BASF Plant Science de Alemania a Estados Unidos, lo que manifiesta las dificultades con que cuenta la industria biotecnológica en Europa. La multinacional alemana admite que no tiene sentido invertir en productos que sean exclusivos del mercado europeo y, por ello, ha decido centrarse en mercados más atractivos, tanto de América como de Asia. Muchos grupos ecologistas aplaudieron la decisión de BASF, en cambio la Comisión Europea la ha recibido como un mazazo, ahora que había empezado a presionar para permitir el cultivo de transgénicos a los agricultores europeos en aquellos lugares de la Unión que acepten esta tecnología.

No obstante, aunque dos cultivos están permitidos en todos los países de la UE, cada Estado miembro tiene libertad para restringir o prohibir el cultivo dentro de su territorio. Eso sí, según criterios acordes con los Tratados, en particular con el principio de no discriminación entre productos nacionales y no nacionales. Por ello las medidas sólo se pueden referir al cultivo y no a la libre circulación e importación de semillas o material vegetal para propagación de OMGs. Dichas medidas, en general, estarán orientadas a preservar áreas para cultivos convencionales o biológicos en las que no coexistan con los OMGs, evitando así la transferencia de genes de éstos a aquéllos. En ningún caso los Estados miembros revisarán el umbral de protección de la salud humana, animal y del medio ambiente, que seguirá siendo competencia exclusiva de la Unión. Por ello, y como medida de transparencia, los Estados que deseen adoptar tales medidas deberán comunicarlas, de forma justificada, ante la Comisión y el resto de Estados un mes antes de su adopción. Uno de los objetivos de esta medida es evitar que algunos Estados miembros  (Austria, Francia, Grecia, Hungría, Alemania, Luxemburgo, Polonia...) se acojan injustificadamente a la cláusula de salvaguardia (Art. 23 Dir. 2001/18/EC).

¿Qué otros OMGs podemos encontrar en la UE aunque no se cultiven aquí? 
 
No sólo es imprescindible la autorización para el cultivo de OMGs, también para la importación y para su uso en la alimentación humana, animal y en la transformación industrial. Actualmente sólo algunas variedades de maíz, algodón, soja, patata, colza, clavel y remolacha azucarera están autorizadas con esta finalidad por la UE. En el siguiente enlace se puede obtener información sobre el estado y alcance de la autorización. Por lo tanto, ninguna verdura que se encuentre en el supermercado es transgénica porque no está autorizado ni su cultivo ni su importación. Así de simple. Como se puede ver la UE ha sido poco partidaria tanto del cultivo como de la importación de OMGs. A pesar de que fue en Europa donde se "inventó" la tecnología para crear OMGs, lo cierto es que no estamos sacando mucho provecho de ella, al contrario que muchos otros países. Además, tanto la comida procesada como los piensos que contengan más de un 0,9% de algún OMG aprobado deben indicarlo convenientemente en la etiqueta para asegurar la libertad de elección de consumidores y ganaderos.

Política de tolerancia cero hacia cualquier traza de OMG no autorizado en la UE

¿Qué pasa cuando aparecen trazas de OMGs no autorizados en los cargamentos importados por la UE? No se recibe el cargamento y éste debe volver a su puerto de origen. Esto ya ha ocurrido. En 2009 varios cargamentos de soja transgénica (180.000 toneladas) procedentes de Estados Unidos tuvieron que volver a su puerto de salida, no porque la soja no estuviera autorizada para su importación, sino porque se detectaron trazas de una variedad de maíz transgénico no autorizado correspondiente a un cargamento anterior. La política de tolerancia cero abrió una guerra comercial con los Estados Unidos y, dado que cada vez son más los países que incorporan la tecnología de los transgénicos (29 en 2011 y 40 en 2015, según estima el International Service for the Acquisition of Agri-biotech Applications, ISAAA), llegará a plantearse un escenario en el que la UE no encontrará ningún país que produzca variedades autorizadas de maíz o soja imprescindibles para alimentar a nuestra ganadería y, por tanto, para garantizar el suministro de carne. La conclusión obvia es que la política de tolerancia cero, unida a la lentitud con la que se aprueban las nuevas variedades que se pueden importar, podría conducir a la ruina económica de la Unión, tal como ya adelantaban Robert Wager y Alan McHughen en su artículo titulado "Zero sense in European approach to GM" al que corresponde la siguiente figura que expresa de forma jocosa y sarcástica el futuro al que nos enfrentamos. Puede que la no autorización de soja o maíz transgénico nos obligue a rebajar sustancialmente otros estándares de calidad si queremos seguir nutriéndonos de carne:


Los cultivos transgénicos llevan cultivándose en el mundo desde 1996 y, aunque no son una panacea, son un elemento fundamental en la producción de alimentos suficientes para toda la humanidad, y en la reducción del uso de pesticidas y de otros insumos, especialmente de agua, además de garantes de la seguridad alimentaria. Debido a todas estas ventajas, el potencial futuro de los cultivos transgénicos es enorme, pero para poder aprovechar dichas ventajas es decisivo que los dirigentes políticos establezcan una legislación adecuada. Esta legislación debe posibilitar la aprobación de los cultivos transgénicos basándose en evidencias científicas, por supuesto, pero además habrá de llevarse a cabo en un plazo adecuado y a un coste razonable. La falta de una regulación adecuada es el principal obstáculo para el acceso adecuado a los cultivos transgénicos no sólo de la UE sino también de muchos países pobres. Afortunadamente, algunos de los países actualmente denominados emergentes han adoptado la tecnología transgénica con entusiasmo y ya están sacando réditos importantes. Entre ellos destacan de forma particular Brasil, India y China (Fuente ISAAA). Brasil es el segundo productor mundial de transgénicos, situado sólo por detrás de Estados Unidos, y es destacable cómo la combinación de una legislación apropiada, unida a su propia capacidad para desarrollar nuevas variedades de cultivos transgénicos, ya sea en instituciones públicas (EMBRAPA) o mediante convenios de colaboración público-privados, les ha llevado a alcanzar un merecido liderazgo en el mercado mundial de transgénicos.

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